La Importancia de Parar, Mirar, Elegir y Hacer

El llamado anterior corresponde a la invitación que hizo hace unos días la Asociación de Coaches ontológicos de Chile (ACCOP), que se materializó a través del primer Seminario de Coaching y Liderazgo organizado por esta entidad, la cual fue evaluada como una jornada exitosa en muchos sentidos.

Por mi parte, rescato entre los aspectos más valorables del seminario, tanto la comunión que se vio entre las distintas escuelas, como la gran convocatoria y asistencia que hubo.

Y es que, por un lado, las (legítimas) diferencias parecieran ser innegables, al mismo tiempo que son evidentes también las ganas de aportar a un propósito mayor, además de lograr realmente, como comunidad, ponernos al servicio de algo más grande.

De este modo, la gran convocatoria y el compromiso de la audiencia, desde mi perspectiva, fueron en gran medida, el resultado de aquello. Es decir, del trabajo mancomunado y comprometido para servir y aportar más allá de los propios intereses individuales.

Me detengo entonces para señalar que, al parecer, algunos de los principales llamados a atender como coaches ontológicos en estos momentos de gran complejidad social, son tanto la conexión con un propósito trascendente como la puesta al servicio desde dicho espacio. Asimismo, contribuir con la humildad necesaria y la apertura que se requiere para lograr aquello, legitimando al otro.

Respecto a las temáticas sostenidas durante el viaje propuesto en torno a “Parar, Mirar, Elegir y Hacer”, los distintos expositores nos aportaron con reflexiones relevantes acerca de cómo contribuir tanto en la construcción de una mejor sociedad, como de promover el liderazgo desde un espacio de autoconsciencia que permita gestar cambios desde adentro hacia afuera.

En ese sentido, Carolina García, presidenta del capítulo chileno de la International Coach Federation, ICF, hizo mención al concepto “VICA”, señalando que estamos en un mundo que se caracteriza por ser volátil, incierto, complejo y ambiguo, con un futuro emergente del que, de alguna manera, necesitamos hacernos cargo. Asimismo, mencionó el poder de las conversaciones como un recurso para ello.

En concordancia con Carolina, hoy creo que las lamentables jornadas que han acontecido en nuestro país durante estos últimos días, han sido prueba de ese mundo VICA al que ella hizo mención pocos días atrás.

En el mismo contexto, sosteniendo la reflexión respecto al poder de las conversaciones, Fernando Hindi, Presidente de FICOP, hizo un recorrido en el que, entre otras convocatorias, invitó a reflexionar acerca de las conversaciones que pueden (o no) sumar a los desafíos que actualmente tenemos como coaches ontológicos. De este modo, se detuvo a plantear tres tipos de conversaciones:

  1. Las conversaciones improductivas o nocivas.
  2. Las conversaciones difíciles.
  3. Las conversaciones necesarias.

Asimismo, para cada una de ellas propuso un accionar respectivo que contribuyese a abrir posibilidades a favor de generar el mayor bien para todas las partes involucradas.

De este modo, en el primer caso, propuso evitar las conversaciones improductivas. Mientras que en el segundo, respecto a las conversaciones difíciles,  sugirió gestionarlas. Por último, planteó ser promotores de las conversaciones que denominó como necesarias.

Desde mi perspectiva como ser humano, chilena y coach ontológico, me parece que el valor de aportar esta reflexión en los momentos actuales, es que pudiese ser extrapolable a distintos contextos y, particularmente hoy, pareciera inminente ponerlo al servicio de lo que estamos viviendo como país.

De este modo, quisiera desarrollar más profundamente esta temática extendiendo la invitación a llevar a cabo las acciones propuestas no sólo a los coaches ontológicos, sino a todo quien le haga sentido sumarse.

  1. Respecto a las conversaciones improductivas -las que se propone evitar- en este caso, pueden ser reconocibles dado que contribuyen a que en vez de apagar el fuego, éste se avive. De esta manera, una conversación improductiva puede ser una conversación de queja (en vez de una de reclamo); de encontrar un único culpable (en vez de identificar responsables); de hacerse dueño de la verdad, desvalidando la percepción del resto. Asimismo, este tipo de conversaciones podrían tener carácter de nocivas, polarizadoras, dramáticas, dicotómicas o que contribuyan a generar mayor ambigüedad en tiempos en que gestionar la incertidumbre aparece como todo un desafío.
  2. En relación a las conversaciones difíciles, no es casual que la invitación sea a gestionarlas, ya que, eventualmente, incluso cuando sabemos que pueden resultar necesarias, quisiéramos evitar o hacernos los locos ya que pueden llegar a ser incómodas, complejas y acaloradas. De ahí que una tendencia común es a “quitarles el cuerpo”.

Gestionarlas, entonces, significa hacernos parte contribuyendo a través de nuestra participación a que estas tengan un curso que genere el mayor bien para todos. Sobre todo, ya que en esta “categoría” pueden quedar enmarcados algunos tesoros conversacionales, como las conversaciones de reconocimiento de errores para hacerse cargo de la responsabilidad que corresponda; otras en las que se puede ofrecer perdón; o declarar incompetencia; así como reconocer (y validar) diferencias, entre muchas otras.

3. En relación a las conversaciones necesarias, la invitación es a ser promotores. Es decir, nuevamente, a no hacer vista gorda.

Estas conversaciones, por lo general, se caracterizan por tener una cuota justa de positividad/ negatividad que contribuyen al florecimiento de los involucrados. Es decir, no son solo esperanzadoras, sino que también atienden el contexto de lo que está sucediendo, abriendo posibilidades en forma realista.

Esto, dado que tienen la mezcla exacta entre conversaciones de posibilidades y de coordinación de acciones, según la situación y el contexto, contribuyendo tanto a generar la ambición que da pie a soñar, a generar mayor confianza y a conectar con la esperanza, al mismo tiempo que contribuyen a la resolución efectiva de distintas problemáticas a través de la implementación de acciones concretas. En ese sentido, una conversación necesaria, podría ser, por ejemplo, un legítimo reclamo, un pedido bien argumentado y todas aquellas que ya mencioné como difíciles, entre muchas otras.

Entonces, en este contexto social contingente y complejo, y sosteniendo la invitación a “Parar, Mirar, Elegir y Hacer”, el llamado es a detenerse, observar y percibir atentos, para luego elegir qué acciones llevar a cabo de manera más asertiva, en este entorno VICA.

Por último, parar para observar y preguntarnos ¿en qué tipo de conversaciones estamos participando hoy? Para luego, elegir a partir de dicha reflexión, de qué tipo de conversaciones decido ser parte. Así, finalmente y en línea con un hacer asertivo, comprometerme a llevarlas a cabo.   

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