Uno de los temas
relevantes
que se trató en el Simposio
Internacional de Coaching Ontológico
, que tuvo lugar en Chile en Noviembre del
año pasado, fue acerca de los desafíos
que existen hoy para nuestra profesión
, entre los cuales destaca generar una identidad profesional común.

Entendiendo que la identidad se refiere a aquello que nos caracteriza y distingue frente
a otros, entonces cabe preguntarse: ¿qué
es aquello que nos identifica como coaches ontológicos y nos diferencia de
otras profesiones y disciplinas?

Desde mi perspectiva, uno de los aspectos
principales que diferencia a un cuerpo profesional tiene que ver con las respuestas
a las preguntas “¿qué hacemos?” y “¿cómo lo hacemos?”, desprendiéndose
así una determinada identidad desde la práctica misma de la disciplina en
cuestión.

En ese
sentido, podríamos plantear, por ejemplo, que lo que caracteriza y distingue a
un coach de un médico es qué hace cada uno de estos profesionales (mientras que
uno promueve el aprendizaje, el otro promueve la prevención y curación de
enfermedades). En tanto, lo que diferenciaría a un coach ontológico de uno
integrativo o neurolingüístico sería cómo promueve cada disciplina dicho
aprendizaje.

Por lo
tanto, cuando nos referimos al qué,
aludimos al dominio de acción,
mientras que al referirnos al cómo
estamos hablando de los métodos o formas en que se lleva a cabo cierta
disciplina
.

Me detengo, entonces, aquí y me surge una nueva
pregunta: ¿qué sustenta ese modo de hacer? ¿Cuál es la base de esa “forma en
que se lleva a cabo”, el cómo? Inevitablemente se me aparecen, al menos, (i) el
propósito, (ii) la técnica y (iii) la ética, esta última, definida como el “conjunto de normas morales que rigen la
conducta de la persona en cualquier ámbito de la vida”
[1].

Es así como
en un primer paso para atender el desafío de construir esta identidad
profesional común, quiero invitarles hoy
a reflexionar acerca de la importancia de adherirnos a un marco ético común
.

Desde mi experiencia, tener
estándares comunes además de un propósito compartido es fundamental en
cualquier disciplina. De este modo, si bien es probable que cada coach
ontológico tenga claridad, por ejemplo, respecto a (i) qué lo llevó a
comprometerse con esta profesión y (ii) para qué hace lo que hace, así como es
probable también que esas historias individuales tengan un hilo conductor que
las una, me parece necesario trascender
ese espacio íntimo e individual e,
incluso, ir más allá del propio
ecosistema del coaching
para consensuar
algunas respuestas a las preguntas: ¿qué hacemos como coaches ontológicos? Y
¿cómo lo hacemos?, además de, por ejemplo, ¿qué promovemos con esta práctica?
¿Qué cuidamos con y durante su ejercicio? ¿Cómo acompañamos?
, entre muchas
otras interrogantes.

Acotando, entonces, las
definiciones antes mencionadas desde la mirada del cuidado de esta disciplina,
podríamos consensuar que resulta
relevante que quienes ejerzan esta profesión se rijan por el mismo conjunto de
normas éticas
, de modo tal que estuviese claramente definido de antemano
qué está permitido y que no durante su ejercicio. En palabras sencillas, esto permitiría establecer claramente “las
reglas del juego”
, explicitando los comportamientos esperados, tanto para
el grupo de profesionales que la ejerce como para quienes la experimentan desde
la contratación de este servicio.

En este sentido, la Asociación Chilena de Coaches Ontológicos Profesionales (ACCOP) -con el propósito de hacer del
coaching una disciplina sustentable- busca generar, definir y regular a nivel
nacional, un consenso ético alineado a estándares internacionales (según
propone FICOP), de modo de establecer buenas prácticas y definir competencias
mínimas esperadas para el mundo del coaching ontológico, promoviendo un nivel
mínimo de excelencia y dando ciertas garantías de nuestro quehacer como
coaches.

Todo lo anterior con el
propósito de aportar a construir esa
identidad profesional común desde el ejercicio ético, riguroso y efectivo del
coaching
, de modo tal que el mundo escuche de nosotros -coaches
ontológicos- un relato consistente
que sea compartido y cuyo poder provenga
de un actuar ético en núcleo
más allá de un espacio individual. 

Entonces,
nuestra invitación como ACCOP es que
como coaches ontológicos certificados nos adhiramos a un marco ético común que
dé garantía de nuestro quehacer
. Que como coaches nos hagamos responsables
de nuestro accionar; que nuestra práctica sea consistente y que en coherencia
con lo que predicamos, en caso de errar, por ejemplo, nos comprometamos a
reparar; que nuestros coachees y clientes tengan un lugar para ejercer sus
reclamos ante nuestras faltas; que nuestras acciones nos abran o cierren
posibilidades como a cualquier otro individuo y que, finalmente, logremos velar
tanto por el ejercicio individual de esta noble disciplina como por el
prestigio que juntos/as vamos haciendo de ésta.

ANLLENI NÚÑEZ QUIROZ

Miembro del Directorio Accop


[1] Definición de ética, según RAE
(http://dle.rae.es/?id=H3y8Ijj|H3yay0R)